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Ana Liz: una vida de pasión musical

Publicado el 08 Nov 2012
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La habilidad y espíritu de superación de esta valdiviana la llevó a tocar en alguna de las escenas más importantes de la música europea.

La valdiviana Ana Liz Ojeda comenzó a interesarse en la música desde muy pequeña debido a la constante presencia  de ésta en su hogar y familia. Su padre tocaba el violín, por lo que ella y su hermana se iniciaron jóvenes en la práctica de instrumentos musicales.

Vivían en la villa San Luís, y asistían al colegio María Auxiliadora, paralelamente practicaban el violín en la Escuela de Difusión Artística de Valdivia.

Finalizada la etapa escolar, Ana Liz tuvo la oportunidad de viajar a Columbus, Estados Unidos. Allá comenzó a estudiar la carrera de Interpretación Musical en un ambiente bastante familiar, ya que, donde se encontraba existía una comunidad de chilenos y latinos. Sin embargo, a pesar de las comodidades del país americano, la joven siempre deseó viajar a Europa y establecerse allí.

“Mi sueño siempre fue irme a Europa, no lo decía mucho para no pasar por engreída, sin embargo, siempre me sentí atraída por la vida cultural de ese continente, por su gran historia y su tradición musical.”

Tiempo después Ana Liz cumplió su sueño y viajó a Alemania, esto lo hizo aún sin obtener el título de su carrera, ya que así le daban más tiempo para estudiar en el país.

Ya en Alemania,  estudió el idioma por seis meses, sin embargo no le gustaba utilizarlo por temor a equivocarse, así  que hablaba en inglés.

“Nunca voy a olvidar el día en que un profesor me dijo: Ana Liz, desde ahora en Alemán. Desde ese día todo fue en Alemán, hasta los sueños.”

Terminados sus estudios, le fue bastante fácil encontrar trabajo, así que comenzó a tocar en un teatro de la ciudad de Kassel

“En Alemania hay tantas iglesias y tantos lugares donde necesitan músicos, que te llaman para tocar.  Yo tuve la suerte de nunca haber tenido que trabajar en algo que no fuera música.”

Sin embargo, el año 2005 Ana Liz dejó Alemania para establecerse en Italia, específicamente en la ciudad de Milán.

Allá comenzó  a trabajar en la Orquesta Giuseppe Verdi, en la que obtuvo un rol bastante protagónico, siendo violín en jefe de los segundos violines.

“Yo era la más joven de todos, ellos llevaban 15 años tocando en la misma orquesta, por lo que yo sentía mucha responsabilidad en el cargo, sin embargo, a pesar de ser mayor que yo,  siempre fueron amables conmigo.”

Lamentablemente, la crisis en Italia provocó que la orquesta sufriera fuertes problemas económicos, por lo que Ana Liz se vio obligada a abandonarla para ir en busca de nuevas oportunidades.

Fue así como decidió perseguir uno de sus más grandes sueños, la música Barroca.

“Eso fue algo increíble. Yo, una chilena, interpretando música de la historia europea. Fue un gran reto y un gran avance en mi carrera musical.”

Ana Liz ingresó a la Orquesta de la Academia Bizantina en la ciudad de Ravenna, en la que conoció a su profesor Stefano Montanari, con el que pronto comenzó a tocar en conjunto.

Hoy se encuentra feliz y plena, sin embargo, asegura que el tiempo que vivió en Alemania fue inolvidable.

“Llegué a Alemania cuando tenía 20 años y me fui a Italia a los 30. Esos diez años que estuve en Alemania fueron los más importantes de mi vida.”

Con respecto a su relación con Valdivia, Ana Liz asegura que está un poco distanciada de su ciudad, ya que no se han dado oportunidades para realizar proyectos en su región.

“Siempre que vengo a Chile me llaman de la región del Maule para dar clases y también para tocar en la Orquesta Sinfónica de Talca, sin embargo, en  Valdivia no se han dado esas oportunidades.”

A pesar de esto, confiesa que con el paso de los años se hace más grande la nostalgia por regresar a su ciudad y a su país, por lo que asegura que le gustaría mucho regresar a realizar actividades a Valdivia.

“Me gustaría volver a realizar distintas actividades en mi ciudad, en mi región, quizás volver un tiempo y dedicarme a las prácticas musicales y pedagógicas. “